Escrito por: Laia Arcas.

¿Qué se siente al sentirse libre? La libertad es un concepto tan amplio que me resulta difícil dar una definición clara que englobe todo lo que significa para mí. Pero tengo muy claro que, cuando me siento libre, automáticamente me siento fuerte, decidida y feliz conmigo misma.

El sistema en el que vivimos se basa en coartarnos esa libertad, especialmente a las mujeres. Han culturizado nuestro miedo y nuestra indefensión hasta tal punto que nos lo hemos creído. Cuesta mucho romper con ello, atravesar nuestras propias barreras y las de la sociedad.

“¿A dónde vas sola?” “¿No tienes novio ni amigos con los que viajar?”… y la mejor “estás loca…”. Quizá sí se trata de eso, de que no tengas a nadie con quién viajar y decidas que no quieres dejar de visitar esos lugares con los que siempre has soñado, o puede que viajar sola sea tu decisión propia y lo hagas porque quieres, o puede que sí, que estés un poco loca (¡y qué más da!). El caso es que has sido más valiente que mucha gente. Creo que es así como la sociedad evoluciona. Hace poco más de 50 años, llamaban locas a las mujeres que se atrevían a ponerse pantalones… (por poner un sólo ejemplo).

No pretendo dar lecciones a nadie. Viajar sola no me parece algo que vaya rodado y mentiría si no explicase que para hacerlo he tenido que ir superando muchos pequeños obstáculos (algunos del propio viaje en sí y otros míos). Pero también es cierto que son los viajes en los que más he aprendido. No los cambio por nada. Y os animo muchísimo a hacerlo si estáis dudando. Vais a sentir el placer de ser libres, una de las mejores sensaciones que he experimentado nunca.

Hacía ya muchos años que quería viajar a Perú. Latinoamérica siempre ha sido mi debilidad, pero no sabría explicar por qué tenía tan claro que tenía que ser Perú. Me encontraba en un momento de cambios en mi vida, había dejado mi trabajo para mudarme a Madrid y pensé que, antes de empezar mi nueva etapa, era buena idea coger la mochila y hacer un reset con este viaje.

Recuerdo la sensación de caos al llegar al aeropuerto de Lima, dónde hacía enlace con mi vuelo a Cusco. Cuando viajas sola, tu atención se multiplica. Tienes que moverte por un país que quizá es muy distinto al tuyo. Atreverte
pero sin dejar de ser prudente y consciente de dónde estás.

Pasé 3 semanas en Cusco, en un voluntariado en la escuela Aldea Yanapay. Una de las experiencias más bonitas de mi vida. Un lugar dónde creces emocionalmente y aprendes muchísimo.

La ciudad de Cusco es algo mágica (quizá sea por la altitud, o por la tradición espiritual de los incas). Me impactó mucho al principio. Tanta gente en la calle vendiendo de todo, los coches de aquí para allá, el claxon a todas horas, el ruido… Hay que dejar pasar unos días, hasta que te acostumbras al ritmo y a la altura. Es entonces cuando te atrapa.

Me encantó el barrio de San Blas, con sus cuestas, sus barecitos y las bonitas vistas de la ciudad. ¡Os recomiendo que comáis un día en su mercado y probéis los jugos naturales de frutas y los sandwiches… ñaam!