Escrito por: Anabel Montes.

No todo tienen que ser grandes aventuras ni en lugares remotos, alejados o salvajes… basta con salir un poco de lo habitual, sentirse libre al menos unas horas… aunque pienso que sentirse libre es un estado de ánimo. Tenemos a nuestro alrededor muchos de esos lugares que nos pueden transportar mucho más allá, pero, o no le damos importancia, o ni siquiera los conocemos. Tendemos a pensar en las maravillas que hay a lo largo y ancho del mundo sin valorar lo que tenemos cerca sólo porque está cerca.

Esta es una de ellas.

Es una ruta de montaña cuya duración depende del tiempo que te pases admirando las vistas. En mi caso tardé unas 7-8 horas, pero perdí la cuenta del tiempo que pasé ensimismada… no sé seguro si mirando lo que tenía enfrente o mirando introspectivamente, pues hay sitios de esos que te invitan a meditar de forma activa. Se podría hacer en unas 3:30h o menos, pero sinceramente ¡NO LO HAGAIS! Si buscáis rutas para practicar trekking o trail ésta no es para ese fin o, si puede serlo, pero estaríais desaprovechando todo el potencial.

Siempre dudo a la hora de valorar la forma física de una ruta pues depende de quién la haya hecho. Si bien es una ruta fácil, no seria una típica ruta familiar, para personas sedentarias o para personas con vértigo, hay que andar mucho: un tramo largo cuesta arriba, algunas zonas con una inclinación media-alta y consta de tres pasos equipados que hay que pasar sí o sí.

Es importante cerciorarse de que el día anterior no haya llovido pues gran parte del camino transcurre por caminos empinados de tierra que están embarrados o cubiertos de hojas y son muy resbaladizos o, en caso afirmativo, ir preparados para ello. Por lo demás, unas buenas botas de montaña y algo de abrigo, aunque haga calor en la cima puede hacer un aire helado, es importante tener en cuenta la época del año y la altura. Recomiendo también un punto de apoyo ya sea un bastón de trekking o el truco de coger un palo largo del suelo, ¡mi favorito! Ya sea por lo inestable de algún lugar o para evitar calambres por forzar (esos cuádriceps como piedras al subir).

La única manera de llegar es en coche, no hay transporte público cercano. Como punto de referencia, el núcleo urbano mas grande cercano es “Berga” por la C16 y desde allí cartel indicador dirección “malanyeu”. Pincha para saber  COMO LLEGAR

En el momento en el que coges con el coche la desviación dirección Malanyeu y ves la serpenteante, estrecha y solitaria carretera que te lleva a la aldea te das cuenta de que va a ser un sitio de gran belleza. Se aparca el coche junto a una pequeña cancha cerca de un panel indicador del lugar como mapa físico e indicador de alturas y posiciones. Hay que seguir a pie por la misma carretera (no coger la de la izquierda que lleva a una masía particular) y veremos un palo de madera donde deberemos seguir el Cami del Graell de Pujals. El camino esta indicado con líneas amarillas de PR, aunque es cierto que más arriba puede ser un poco confuso.

A los pocos minutos te vas dando cuenta de lo bonita que va a ser la ruta llena de árboles, vegetación, un estrecho camino de tierra; en ese momento, cruzas un riachuelito que viene de una caída de agua de no sabes bien dónde y está el primer paso equipado: el Graell de Cal Pigot, una subida escalonada de tierra “casi” vertical de unos diez metros dividida en dos partes, la primera consta de una cuerda con nudos para ayudarte a subir y, la segunda, de una escalera un tanto oxidada que parece que se va a romper con tu propio peso, pero que lo soporta sobradamente. Al terminar, pasas por un agujero grande en la roca y sabes de dónde viene la cascadita de agua y, por un segundo, no sabes por dónde hay que continuar… giras sobre ti misma hacia tu derecha y el camino continua por encima de la apertura de roca por la que acabamos de pasar. Hay que continuar monte arriba siguiendo las indicaciones amarillas pero manteniendo el precipicio a la derecha y la montaña a nuestra izquierda… durante un rato largo veras lugares donde se te escapa un “¡oh! ¡qué bonito!” por decirlo finamente 😉

Un trecho más adelante encontramos el segundo paso equipado, muy sencillo, compuesto de una pequeña cuerda para subir unas rocas. Este punto es importante, pues es donde nos perdimos y, buscando en internet, es un punto donde mucha gente incluso llegó a dar la vuelta porque desaparecen las marcas amarillas y, si las condiciones metereológicas no acompañan, es fácil desorientarse y preferir dar la vuelta antes que arriesgarse a caminar por la montaña. La continuación de la ruta es a la derecha tras subir el paso equipado, no obstante antes de continuar la ruta hay que ir a la izquierda hasta el límite del precipicio y sentirte inmensamente libre con lo que vas a encontrar.

A la derecha, hay una gran roca que tiene un gran agujero, la foradada, por el que puedes pasar y acceder a una pequeña balconada totalmente espectacular donde ves todo el valle. También puedes escalar esta roca y ver todo desde aun más arriba.

Cuando se haya terminado de admirar las vistas, de meditar o cuando ya sea hora de seguir, pues creo que es imposible aburrirse de ellas, re-andamos el camino que nos llevó a la balconada y seguimos recto por ese mismo camino dejando a nuestra derecha el fin del paso equipado que antes subimos. A partir de aquí las marcas se pierden o son muy confusas. Continuamos subiendo por el camino de tierra por el monte que por la orografía ira girando a la izquierda siempre en subida hasta llegar a una explanada verde con vistas al otro lado de la montaña. Es un buen sitio para la comida de media mañana/comida dependiendo de la hora de inicio. Segun el día puede haber viento muy frío allá arriba.

El camino sigue entre zonas boscosas llenas de hojas que crujen al pisar sobre ellas, lo que hace que sea una bonita banda sonora junto con el silencio absoluto reinante de la montaña.

Llegamos al siguiente punto de duda donde también pasamos unos 15-20 minutos sin estar seguros de por donde seguir, ¡al llegar a una zona alambrada hay que cruzarla! Tiene una puerta de esas que se engancha a un poste para limitar el terreno a los animales, vacas seguramente. Continuar dejando la valla a la izquierda, habrá una vaguada y después una colina. He aquí el tercer punto de discordia  del camino… otros 15 minutos… la duda proviene porque cuando se llega al punto alto se intuye un camino a la derecha abajo, puede que del ganadero del terreno o similar, pero el verdadero camino se encuentra hacia a la izquierda, es decir, cuando estas en el punto alto de la colina hay una valla de madera, pues bien, hay que dejar esa valla a nuestra derecha y seguir camino abajo por un camino mal marcado cubierto de hojas con unos árboles altos y finos; es más fácil de lo que parece, pero hay que estar atento.

Aquí el uso de uno o dos puntos de apoyo es casi indispensable pues los resbalones por las hojas (en serio, en algunas zonas pasan de los gemelos) son constantes, aunque también es por las irregularidades del terreno bajo el manto, pues hay piedras o algún agujero pequeño que no se ve y te puedes retorcer un tobillo o tropezar pero realmente, es un lugar en el que disfrutar del paisaje sin prisa y pisando firme.

Cuando hayas pasado un trecho, empezaran a salir carteles con distintas direcciones y distancias, hay que seguir siempre la indicadora “Malanyeu”; realmente hay bastantes atajos pero sin conocer la montaña, mejor no improvisar.

En uno de estos tramos encontramos el tercer y último paso equipado, el Grapissot, se trata de unas cadenas gruesas fijadas para descender una pared de roca; no emprende dificultad realmente, pero la seguridad nunca esta de más, sobretodo en un lugar  de difícil acceso en caso de emergencia. No me llaméis tremendista, me encanta el riesgo, pero eso no quiere decir que no use la cabeza y que sea consciente de que no a todo el mundo le gusta esa sensación.

 

La ruta a partir de aquí es un tranquilo paseo en el que disfrutar del cambiante y nunca aburrido paisaje, desde zonas rocosas hasta frondosos bosques pasando por secas hojarascas… naturaleza en estado puro y todo ello, en una misma ruta.

En un momento dado, la ruta deriva en una pista forestal, poco ideal para las rodillas, pero símbolo de que el día está llegando a su fin, pasando al lado de una destartalada caravana en medio de la nada en donde tu mente se debate entre “Into the wild” y “The walking dead”.

Al dar una curva avistamos una masía y en la siguiente ya enfilamos la recta donde nos reencontramos con el cartel de inicio. Al fondo, el coche.

En ese momento te das la vuelta, miras la montaña e intentas darle sentido al recorrido que acabas de hacer en esta “ruta circular” pero yo, al menos, no lo encontré del todo.

Puede ser que, a veces, cuando algo es tan bonito e inesperado, nos abruma tanto que no somos capaces de entenderlo desde nuestro razonamiento lógico, pero para esas cosas, está el corazón y la sensación de, al menos por unas horas, haber sido libre.

Y tú, ¿quieres ser también nuestra amiga nómada? Aquí te contamos cómo. ¡Anímate!