Escrito por: Sara Blázquez.

Seguimos con la ruta por Roma. En el post anterior os dejé un recorrido de lo que hice en mi primer día en Roma, hoy veremos lo que elegí para el segundo día.

Como ya os comenté, la salida siempre será Termini. Desde aquí cogemos la línea de metro A hasta Ottaviano /S. Pietro para ir caminando hasta la Plaza San Pedro. Recomiendo ir bastante temprano para poder observar la plaza sin gente, ya que las colas que se forman son bastante largas.

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La plaza es enorme, y lo que más destaca es la fila de columnas, que vista desde un punto sólo parece tener una.

Entramos en la Basílica de San Pedro.

Es inmesa, muy recargada para mi gusto, pero en su interior aloja varias obras de arte. Entre ellas la Piedad de Miguel Ángel, a la derecha de la entrada.

6832_A2 La Piedad, Basilica de San Pedro, Ciudad del Vaticano, R

También se puede subir a la cúpula, a mi gusto, lo más interesante porque desde arriba las vistas (tanto al exterior de la iglesia como al interior), son impresionantes.

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Una vez visitada la Basílica y tomado mil fotografías, nos dirigimos a pie hasta el Castillo de Sant Angelo.

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Las vistas de esta parte de la ciudad son inmejorables, con el río a sus pies y ese aire de atemporalidad, típico de Roma.

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El castillo se puede visitar (no se pueden tomar fotos del interior) y tiene varios niveles. Lo más interesante, siempre bajo mi punto de vista, es:

Primer nivel: La zona donde se ejectuba a los condenados, y el atrio (nicho donde estaba una estatua colosal del emperador Adriano.

Segundo nivel: Salón de Urnas, es el corazón de la tumba de la antigua Roma. Era el lugar designado para los guardianes de los restos mortales del emperador. Antigua prisión, on los secretos del Castillo Sant Angelo. Hay tres celdas. A través de una puerta al final de la última celda se llega a una pequeña habitación donde se puede ver la letrina al aire libre. Desde la cárcel, dirigiéndose a la torre central, se puede ver la ventana del Salón de Justicia, donde se leyeron las sentencias de muerte atroces para los presos del Castillo.

Tercer nivel: Sala Apolo, parte de la vivienda de Pablo III. En el suelo hay varias aberturas, una en particular de 9 metros, podría ser un armario o una trampa para deshacerse de los invitados no deseados. Venta de Clemente VII, cuando hubo el saqueo a Roma y el asedio a la fortaleza, el Papa se refugió en esta sala durante 6 meses. Calentadores de Clemente VII, se compone de tres salas: una sala de vestir, de unos compartimentos para calentar el agua y el propio cuarto de baño con la bañera. Estos baños son una especie de símbolo de estatus social de la época.

Cuarto nivel: Salón de Cupido y Psique, son las estancias de Pablo III.

Quinto nivel: Sala del tesoro, aunque era la sala de los tesoros, luego se convirtió en prisión. Los presos hicieron grafitis en las paredes. Cagliostro, se transformó en la cárcel de lujo.

Sexto nivel: Terraza del ángel, arriba a la izquierda del ángel, se encuentra la campana llamada de los condenados, donde el tañido fúnebre anunció las ejecuciones que tuvieron lugar en el castillo.

Terminada la visita, volvemos sobre nuestros pasos y vamos a los Museos Vaticanos.

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El edificio es precioso, con un gran patio que invita a descansar antes de entrar en un lugar de especial interés artístico, donde la opulencia de sus salas destaca incluso más.

Lo más conocido y la causa de mi visita (ya que yo no soy mucho de visitar museos), es la Capilla Sixtina, al final del recorrido.

Las escenas del techo desarrollan el tema de la creación y la caída del hombre. En el centro, la creación del hombre, la creación de la mujer y el pecado original.

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Al salir de los museos, comemos algo por la zona y cogemos el metro línea A hasta Repubblica y de ahí vamos hasta Santa María della Vittoria.

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Conserva importantes obras: La Santísima Trinidad (tercera capilla a la izquierda) y tres cuadros de El Domenichino (segunda capilla a la derecha). Pero sobre todo es digna de admiración la Capilla Cornaro, completamente construida por Bernini. Arquitectura, pintura y escultura participan conjuntamente en el efecto dramático. En el centro está representada la visión de Santa Teresa, tal y como ella la describió.

Volvemos al metro para ir hasta Flaminio, para visitar la Piazza Popolo.

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La porta del Popolo. Corresponde a la antigua Porta Flaminia. La inscripción grabada en el ático es el saludo de bienvenida de Roma a sus huéspedes: Por una entrada feliz y propicia.

En el centro de la plaza se alza el obelisco egipcio de Ramsés II que se mandó traer del Circo Máximo.

Podemos visitar la iglesia de Santa Maria del Popolo, en la que destacan dos caravaggios. Según una leyenda muy popular, la iglesia del pueblo fue edificada en el emplazamiento de la sepultura de Nerón. El alma del condenado vagaba junto al nogal que había crecido sobre la tumba. En 1099, después de una visión, el papa Pascual II hizo arrancar el árbol. Lo mandó quemar y arrojar sus cenizas al Tíber.

Tres calles salen en abanico de la plaza, de aquí el nombre del Tridente que recibe el barrio. Caminamos por cualquiera de ellas, para llegar hasta la Piazza di Spagna.

Es uno de los lugares mágicos de Roma. Su monumental escalinata constituye un grandioso escenario que la convierte en uno de los lugares más concurridos y animados de la ciudad. Cuando se contempla vacía, en cambio, se tiene la sensación de haber entrado en un teatro a la hora equivocada.

En el centro de la plaza destaca la Fontana della Barcaccia.

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Por esta zona hay multitud de tiendas y recomiendo pasear por sus callecitas porque en cada rincón, en cada esquina, hay lugares que llaman la atención.

Cuando los pies nos digan basta, sólo tenemos que coger el metro hasta Termini.

Y llegamos al final del día 2. Si quieres ver los demás días, aquí tienes los enlaces:

Día 1 en Roma

Día 3 en Roma

Día 4 en Roma

Si quieres seguir los pasos de Sara Blázquez y conocerla más, puedes visitar su blog en La aventura de un viaje. 

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