Escrito por: Sara Blázquez.

Llegamos al último día de viaje. Me sabe a poco, Roma engancha. Es una de esas ciudades en las que te quedarías a vivir una temporada. Pero aún nos queda un día y hay que disfrutarlo y aprovecharlo porque Roma esconde algunos secretos.

Y digo secretos porque son lugares que no visita mucha gente, porque están relegados a un segundo plano. Pero te sorprenden.

Empezamos como siempre, desde Termini. Tomamos el metro B hasta Basílica S. Paolo para llegar a San Pablo Extramuros.

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El emperador Constantino construyó la primera Basílica sobre el lugar donde los cristianos habían venerado siempre las reliquias de San Pablo, pero a lo largo de los siglos la tumba había quedado sepultada por otras obras arquitectónicas. En el año 2002 se iniciaron unas excavaciones bajo el altar, que dieron como resultado el hallazgo, 4 años después, de un sarcófago macizo, identificado con seguridad con el del Apóstol.

Suelen haber misas multitudinarias y en las que los devotos cantan y ponen velas. Muy místico y curioso.

La iglesia en sí no tiene nada especial, es una más de las tantas que hemos visto hasta ahora, pero nos coge de camino al siguiente punto, la Pirámide de Cestio (a la que llegamos en metro nuevamente).

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¿Sabíais que Roma tenía una pirámide? Yo, amante de la cultura egipcia, no podía dejar de ir a visitarla. Y si… no es una pirámide egipcia…pero algo es algo.

Es conocida como la Meta Romuli. Es un monumento funerario. En el lado este, en una inscripción en caracteres pequeños, se lee que la construcción fue terminada en menos de 333 días. En el lado oeste se abre una puertecilla que conduce a la cámara funeraria.

Pasamos a ver el Circo Máximo, al que podemos llegar en metro nuevamente (la parada se llama igual) o caminando (un kilómetro más o menos). Si tenéis el bono de metro, lo recomiendo usar.

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Al parecer fue Rómulo quien organizó las primeras carreras con ocasión de la fiesta que acabó con el rapto de las sabinas: en Roma faltaban mujeres y su población corría el riesgo de extinguirse. Por ello, Rómulo decidió tender una trampa a sus vecinos, los sabinos: convidados a una fiesta, éstos acudieron acompañados de sus hijas. A una señal de su jefe, los compañeros de Rómulo se lanzaron sobre las sabinas y las raptaron. Este episodio originó la guerra entre los dos pueblos.

Dando un paseo, llegamos a las Termas de Caracalla.

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Los romanos frecuentaban los baños públicos. No sólo por higiene y deporte, sino que era su lugar de ocio. Poco a poco, fueron creándose termas cada vez mayores y con espacios para diversas actividades: auditorios, bibliotecas, jardines…

Así, las termas romanas representaban un espacio de comunicación y de recreo donde deporte y cultura se aunaban para formar una mente sana en un cuerpo sano. Las termas estaban abiertas a todo el mundo hasta la puesta del sol.

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Estas termas están muy bien conservadas y en ellas hay aún muchos mosaicos. Pero sobre todo, lo que sorprende son los jardines. Preciosos, un bello sitio para despedirse de Roma, donde pasear tranquilamente y soñar con el próximo destino.

Dando por finalizado el viaje, volvemos al metro y desde Termini, nos marchamos.

¡Espero que os haya gustado mi ruta y sobretodo que os sea de gran ayuda!

Y si no has leído los días anteriores, aquí tienes los enlaces:

Día 1 en Roma

Día 2 en Roma

Día 3 en Roma

Si quieres seguir los pasos de Sara Blázquez y conocerla más, puedes visitar su blog en La aventura de un viaje. 

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