Escrito por: Laia S.

Escribo a todas y cada una de aquellas mujeres que están sentadas en su sofá, ante el escritorio del trabajo, en el parque o simplemente en la calle, paradas, pensando qué han hecho con su vida y qué les queda por hacer; preguntándose si han alcanzado aquello que la sociedad espera de nosotras y que a menudo resulta asfixiante.

Si has estado en un momento así, querida compañera, es el momento de lanzarte a la aventura. ¿Mi consejo? No te lo pienses y hazlo; cambia tu vida.

Con el paso del tiempo, he ido descubriendo que mi cerebro, desgraciadamente, tiende a tomar las mejores decisiones para mí; por lo que me aleja de cualquier cosa que me resulte extraña, incómoda y por qué no, potencialmente arriesgada, aunque sea en un plano puramente teórico.

A mi cerebro “no le interesa” que le cuente que, por ejemplo, viajando conoces otras culturas, te relacionas con gente fuera de tu zona de confort y que aprendes más de ti misma. Actúa como el muñequito miedoso de Inside Out corriendo de un lado al otro gritando “Peligro” “Peligro”, “¿has pensado lo que podría pasarte? ¡las mujeres tenemos que ir con mucho cuidado!”

Y no te voy a engañar recomendándote que cuando viajes vayas con un lirio en la mano. No, sé cuidadosa, pero al igual que probablemente ya lo eres en tu ciudad de origen.

IMG_4926

Ahora que estamos en confianza, te confesaré que la primera vez que me decidí a viajar sola y compré los billetes a Japón, estaba aterrada; tanto que el día de antes me lo tiré prácticamente en el baño.

No ayudaba mucho que la familia, los amigos y los compañeros de trabajo, cuando me preguntaban dónde me iba de vacaciones, me miraban un poco raro como pensando “Chica, ¿es que no tienes amigos con los que viajar?, qué pena” “dios mío, ¿estás loca?, te pasara de todo” “no te va a entender nadie” o me hablaban como si estuviese atravesando la crisis de los cercanos 30.

Sinceramente, este primer viaje nació del cansancio: cansancio a que la gente acordase planes de viaje y luego se rajase en el último minuto, cansancio de aplazar planes porque no encontraba quien los compartiese y cansancio de no tomar totalmente las riendas de mi vida. Sorprendentemente, lo que empezó así, ha pasado a ser una necesidad vital. A día de hoy, por mucho que viaje con amigos, siempre reservo de antemano unos días para una escapada sola, en cualquier ciudad del mundo.

Y te confieso que es de las mejores cosas que podrían pasarte. No importa si crees que aún no estás preparada para viajar sola; empieza con algo más pequeño, como ir a comer a un restaurante o ir al cine a ver aquella película que tanto deseas. Todavía me sorprende como socialmente se condena como soledad cualquier atisbo de independencia.

Empieza con algo pequeño y ve escalando. Eso sí, no esperes a que llegue el día en que estés preparada y 100% motivada a hacerlo, ya que te encontrarás que los días se irán convirtiendo en meses. Recuerda a tu pequeño amigo el cerebro, que “batallará” cada decisión que tomes. Da el salto y prueba; lo más gracioso de todo es que cuando haces cosas sola, al final descubres que no “es para tanto” y hasta te sientes un poco tonta de no haberlo hecho antes.

No te preocupes por el ritmo, tu irás marcando el tuyo propio. No pienses que por estar a 4.000 km de tu casa tus hábitos van a ser distintos. No eres para nada tonta; has llegado hasta dónde estás sola y eres la persona más importante de tu vida. Eso ya es un muy buen punto de partida en tu mochila. Cuando dudes, piensa que habrá un centenar de nosotras en esa misma situación.

Y tú, ¿quieres escribir también en Miradas de Mujer? Aquí te contamos cómo. ¡Anímate!