Escrito por: Esmeralda Bravo.

El miedo a la soledad había postergado mi búsqueda. Un día, así de repente, tomé la decisión: utilicé mi impulsividad para derribar esos muros de inseguridad y me lancé conmigo como mi única compañía.

Así fue como en Septiembre salí rumbo a Las Barrancas del Cobre, no hacía mucho tiempo que habían pasado las lluvias por la Sierra Madre, así que iba emocionada por encontrarme con los colores que despierta el agua.

El viaje comenzó en Los Mochis, Sinaloa, donde increíblemente encontré hospedaje gracias a la red de Couchsurfing.org, de donde sólo he extraído increíbles experiencias y que ampliamente recomiendo para viajar. Mi hospedero me dio recomendaciones muy útiles sobre costos, lugares que vale la pena visitar y personas a quién buscar en el camino.

Paisaje del tren en territorio de Sinaloa.

Durante el recorrido del Chepe, el único tren de pasajeros en México, puedes hacer tantas paradas como quieras. El recorrido conecta al estado de Sinaloa con Chihuahua. Desde Los Mochis, en Sinaloa, la primera parada a la que la mayoría de la gente recurre es El Fuerte, un pueblo mágico. Sin embargo, yo decidí prescindir de ella y seguir hasta Bahuichivo. Cada viaje lo realicé en los vagones de segunda clase, los asientos son cómodos, aunque al final puedes no utilizarlos. Es mucho más divertido ir parada en las puertas del tren, tomando el aire que la Sierra te arroja.

El tren pasa por varios lagos, ríos, cascadas.

Para mi gusto, lo más bonito del paisaje comienza en Los Pozos, todavía Sinaloa y donde te venden una bolsa de chile silvestre (chiltepín) en MX$20 (pesos mexicanos). Pasando la frontera hacia Chihuahua comienzan a verse ríos, cascadas, túneles por los que circula el agua que ha caído de las lluvias.

Paisaje del tren en territorio de Chihuahua.

Al llegar a Bahuichivo, saliendo del tren encontré la opción de tomar una de las camionetas de los varios hoteles que hay en el pueblo de Cerocahui o tomar un camión de pasajeros para llegar al centro de este pueblo o a los alrededores. Como ya venía con las ganas de seguir andando y este viaje lo hice con sed de paisajes hermosos, decidí continuar hacia las Barrancas de Urique. Me subí a un camión de pasajeros que me llevó a un paradero donde tomaría el camión que me llevaría a Urique.

Bosque en las Barrancas de Urique.

En el segundo camión de pasajeros pude ver que Urique no es un pueblo “turístico”. Quizás el mirador hacia las barrancas que resguardan el pueblo lo sean, el paisaje desde lo alto de las barrancas es algo imperdible, pero en el fondo de éstas barrancas, las enormes murallas naturales no te dejan ver el horizonte. Sin embargo, esto lo supe demasiado tarde, mientras tanto disfruté el paisaje, la única turista en ese camión de pasajeros locales.

Yo no dejaba de impresionarme con el paisaje, la bajada hacia el cañón es hermosa y las barrancas imponentes. A algunas personas, incluso puede parecerles peligroso este camino tan sinuoso. Yo, simplemente estaba emocionada por volver a ver este paisaje al día siguiente, cuando de regreso subiera las barrancas.

Era bastante obvio para los pasajeros que yo no era local. Un hombre de edad avanzada, sentado muy cerca de mí, me preguntó:

– ¿Conoces a alguien en el pueblo?

Sí. Contesté con miedo, no quería que las personas a bordo del camión escucharan que estaba completamente sola en ese cañón.

¿Cómo se llama la persona a la que vas a visitar?

–  …

Una sonrisa mía me delató, no podía ir demasiado lejos con esa mentira, en un pueblo tan pequeño.

Sin embargo, tengo que decir que en el camión había alguien con más miedo que yo. Un joven profesor al que habían mandado a dar clases en algún lugar de la Sierra, y Urique era una de sus paradas. Como ninguno de los dos conocía el pueblo, decidimos unir fuerzas y buscar un lugar donde comer y dormir. Mientras comíamos, compartimos aventuras, me dio ánimos para continuar con mi viaje, no me hizo sentirme tonta por hacer ese viaje sola sino orgullosa por tener el valor de ir por lo que necesito. Él me habló de lugares hermosos en la Sierra de Chihuahua, tan hermosos como peligrosos.

Esa noche habría eclipse lunar, subí al techo del hotel donde nos hospedamos y ahí esperaba poder disfrutarlo. Sin embargo, las Barrancas de Urique deben de ser tremendamente altas, a la luna le tomó bastante tiempo escalarlas y asomarse para que yo pudiera verla desde el fondo del cañón. Estaba sola, nadie sabía que estaba en el techo del hotel, nadie sabía que estaba dentro de un cañón de 1879 metros de profundidad.

Las Barrancas del Cobre cubren éste y otros tantos cañones perdidos en la inmensidad de la Sierra, cañones que seguro guardan otros pueblos menos conocidos. En lo alto de las barrancas, podías sentir frío, ver pinos y un hermoso bosque. En el fondo del cañón la temperatura aumentaba, se formaba una pequeña selva con árboles frutales y las barrancas marcaban los límites del cielo.

Colibrí tomada en el Hotel Paraíso del Oso.

Al día siguiente salí hacia el pueblo de Cerocahui y camine más de 4 km hacia el hotel “Paraíso del Oso. Se puede llegar en transporte pero yo me equivoque y tuve que caminar, encontrándome a lo largo del camino a mucha gente local haciendo lo mismo, así que me sentía segura y con ánimos. No pasaba mucho tiempo en silencio pues los “buenos días” es parte importante de este encuentro. El hotel “Paraíso del Oso” es un lugar súper recomendable para estar, tienen un jardín al que llegan colibríes y golondrinas. Afuera tienen árboles que resguardan muchas aves dignas de fotografiar. Es muy recomendable salir a caminar alrededor a lo largo del río y subir a la formación del Oso, se tiene una vista hermosa desde ahí.

En el hotel organizan cenas de bienvenida para los huéspedes, así fue como conocí viajeros de Estados Unidos, Perú, Australia y Francia. Este hotel hace tours hacia las cascadas cercanas, el mirador de Urique, el pueblo de Cerocahui y otros.

Pasé una noche increíble en este hotel y al otro día, después de visitar una pequeña pero hermosa cascada cerca del pueblo, tenía el plan de tomar el camión que me llevaría a la estación del tren.

Sin embargo, regresé tarde y no alcancé el camión. Estaba en la estación pensando qué podía hacer y del bosque salió la ayuda. Una mujer, acompañada de un señor mayor también iban hacia la estación del tren pero ellos ya estaban preparados y sabían que no habían alcanzado el transporte e iban a tener que pedir un “raite”(hacer autostop). Fue fácil entablar conversación con ellos y me acoplaron en su “raite”. En ese viaje, detrás de una camioneta pick-up sentí la cercanía con la gente local, la de verdad. Y por primera vez, recibí un “Kwira” (hola) con un roce de manos (así es como se hace).

Esmeralda contemplando las increíbles vistas.

Esmeralda contemplando las increíbles vistas durante el viaje.

El segundo y último tramo que hice en tren fue de Bahuichivo a la estación Divisadero. Viajar en tren ha sido liberador, por mis pulmones sentía recorrer un viento ligero y el alma la tenía llena de la belleza que inundaba mis ojos.

La estación Divisadero y Barrancas son estaciones muy cercanas, cerca de cualquiera de ellas se puede visitar el parque de Tirolesas. El tren hace una parada larga en Divisadero, muchas personas aprovechan para salir del tren sólo a tomar fotos o comprar artesanías y continúan el viaje con el tren.

Fotografía tomada fuera de la estación Divisadero del tren Chepe.

Fotografía tomada fuera de la estación Divisadero del tren Chepe.

Yo aproveché la oportunidad y me quede en el hotel que está saliendo de la estación Divisadero. Tuve suerte y tomé la última habitación con vista a las barrancas. La habitación no fue nada barata, pero tenía un balcón con una vista increíblemente hermosa. Fue un momento de paz total cuando por la mañana me preparé un café y salí a sentarme en el balcón a ver el amanecer. Estas habitaciones se reservan con tiempo, tuve mucha suerte al encontrar una, me imagino que durante la temporada alta es obligatorio reservar si andas en busca de una habitación así.

Visité el parque de las Tirolesas. Es de lo mejor viajar en tirolesa a lo largo de las barrancas, no hay que cerrar los ojos pues te pierdes de todo el paisaje. En general, Divisadero es una estación totalmente turística. El hotel organiza caminatas para ir a conocer algunas casas de rocas que aún son habitadas por Ráramuris.

Viajé de la estación Divisadero en autobús a Creel, era muchísimo más barato. De nuevo, gracias a la red de Couchsurfing.org encontré en Creel a Daniela y Chunel, un matrimonio de antropólogos con dos hijos preciosos. Ella nació en Estados Unidos y él es ráramuri. Desde que llegué a su hogar comencé a aprender mucho sobre la gente local, lo que me faltaba para completar mi viaje lleno de bellezas naturales. Me hablaron sobre el saludo y sobre lo importante del “Piririmurí”, que es la forma de preguntarte sobre tus sueños.

Valle de las Ranas.

Son unas personas hermosas, juntos tienen una agencia de tours, en los que Chunel, orgulloso guía, habla sobre la filosofía de su pueblo. Con él visite el Valle de los Hongos, el Valle de las Ranas y el Valle de los Monjes. Éste último es sorprendente, formación de rocas increíbles, un lugar formidable para meditar, para pensar, para el silencio.

Valle de los Monjes.

El recorrido por los valles se puede hacer en bicicleta si cuentas con suficiente tiempo, en Creel rentan bicicletas.

Valle de los Hongos.

Iglesia cercana a Los Valles.

Por MX$ 500 (pesos mexicanos) tome un tour hacia la cascada de Bassaseachic, la cascada permanente más alta de México (246 m.), afortunadamente en Septiembre tenía abundante agua y fue impresionarte verla. Parecía que el agua se evaporaba justo antes de tocar el suelo. El arcoíris que cruzaba la cortina de agua y el verde de la vegetación lo iluminaban todo.

Intentamos bajar hasta el fondo de la cascada, si crees que no tienes la suficiente condición no retes a la naturaleza. Nosotros no logramos bajar hasta el fondo porque nos dimos cuenta que el regreso sería sumamente cansado. Terminamos con las piernas muy adoloridas.

Cascada de Basaseachi.

Cascada de Basaseachi.

Esto fue lo último que visité durante mi viaje, todo vale la pena. A mí me tomó nueve días hacer este recorrido.

Escribo mi historia, cada viaje es distinto para cada persona, incluso cuando viajan juntas. Yo comencé este viaje con un poco de miedo y terminé totalmente inspirada, feliz y con una luz en los ojos que no podía ocultar. Cruzarme con tanta belleza natural y con corazones dispuestos a dar, en muchos momentos incluso pude verme a mí claramente relajada, natural y espontánea.

Viajar con amigos, con tu pareja o con tu familia es inolvidable, pero viajar sola, definitivamente, es algo que debe vivirse.

Y tú, ¿quieres ser también nuestra amiga nómada? Aquí te contamos cómo. ¡Anímate!