Escrito por: Gaby, de El Futuro Nunca Existió.

Suena Manu Chao. Mentira, todo es mentira, dice. Son los nuevos ritmos que me acompañan últimamente y que me llevan a donde voy. Estoy sentada en un barecito hippy, que viene a ser mi lugar preferido en esta ciudad de paso a la que he venido a convertirme en esa otra persona.

Esa persona que se va de viaje sola a la otra punta del mundo, por el mero placer de transitar nómada y descubrir. ¿Descubrir el qué? Descubrir la vida, la de otros lugares y la de dentro, que es la más grande de todos las tierras inexploradas.

¿Por qué viajar sola?

Por ahí, en los blogs de #solotravelers que he leído, o viajeros en solitario, hablan de la libertad de no tener que consultar con nadie la ruta, de elegir dónde, cómo y cuándo sin tener en cuenta más que los propios gustos.

Yo tengo otras explicaciones. No creo que viajar sea visitar lugares sin más y conocer sus gentes, su gastronomía, su cultura. Creo que viajar implica siempre otro viaje hacia dentro y que algo explota y se expande allá en el fondo, como el universo: infinitamente.

Uno nunca es el mismo después de un viaje si se hizo bien, si se dejó atrapar, si escuchó, si observó, si probó: si se integró en el paisaje cotidiano. Y lo que pasa con viajar en compañía es que nos distraemos más del viaje interno, nuestros sentidos están ocupados con otra cosa; por eso viajar en solitario.

Me parece que transitar nómada por el mundo sin más que la propia compañía remarca algunas de las lecciones más importantes de la vida.

Primero, que al mundo hemos venido a estar un rato, siempre vamos de paso a todos lados porque vivimos en constante movimiento. Segundo, que por este mismo hecho del movimiento inevitable de la existencia no podemos aferrarnos demasiado a nada, todo lo demás está también de paso en nuestras vidas. Y tercero, que si bien el mundo es muy grande, no somos muy diferentes unos de otros: todos sufrimos y disfrutamos de las mismas cosas, porque lo esencial, lo que se nos mueve dentro, no tiene nada que ver con lo material ni con el hemisferio en el que nos haya tocado vivir.

Entonces, ¿por qué viajar sola? Por entregarse a esa expansión del universo interior y extenderse hacia el infinito en la búsqueda de la vida.

Prepararse para el viaje

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Llevo años incubando este proyecto. Siempre supe que viajar sola era algo que quería probar. Hace muchos años que me sé nómada. Sin embargo, no es hasta ahora que siento que estoy preparada. Y es que preparar este viaje ha consistido y aún consiste en prepararme a mí misma para enfrentarme a mí misma.

Ensayo la soledad a diario. La busco porque me pide espacio, presencia, y a menudo salgo huyendo a distraerme con alguna otra cosa porque no puedo hacer todo el trabajo de golpe, tenemos que darnos tiempo ella y yo. Yo y yo, más bien.

Entonces, este ensayo a la soledad, o los preparativos de mi primer gran viaje en solitario, se traduce en la búsqueda de respuestas para algunas preguntas clave que siempre me persiguen porque, me parece, podrían hacerme de brújula cuando esté perdida dentro de mí.

  • ¿Cuál es el sentido de todo? Para que, cuando no entienda nada, pueda respirar sabiendo que estoy ordenando piezas, descifrándolo.
  • ¿Para qué hago esto? Así, cuando esté perdida, puedo reubicarme en mi mapa mental.
  • ¿Qué quiero aprender en esta experiencia? Para que, cuando duela, me acuerde de que el dolor tiene una causa y un fin.
  • ¿A dónde voy? Para seguir preguntándome todo el tiempo.

Y confiar. Confiar en que las respuestas están acá dentro, en que hay que perderse para encontrarse, en que hay que sumergirse en el caos si no para arreglarlo, para aprender a vivir en él. Así que ensayo.

Ensayo los ratos libres. Ensayo la incertidumbre. Ensayo la pérdida. Ensayo los mapas incomprendidos. Ensayo los cálculos financieros. Ensayo la sorpresa decepcionante. Ensayo la falta de conexión a internet. Ensayo el cambio horario. Ensayo la diferencia cultural. Ensayo la magnitud de algunas ciudad. Ensayo las distancias en medios de transporte pasados de moda. Ensayo el tiempo.

Ensayo el caos también. Ensayo perderme en mí misma. Ensayo la desesperación de mirar hacia dentro. Ensayo tomarme la vida con calma. Ensayo la respiración. Ensayo la lentitud. Ensayo la búsqueda. Ensayo técnicas para sobrevivir: estar escribiendo, descubrir una canción, encontrar otra vida desordenada.

Ensayo porque todo es demasiado impredecible y porque estoy construyendo un hogar dentro de mí en el que el cambio y la sorpresa son siempre bienvenidos. Ensayo porque quiero ser la metáfora del caracol en este viaje, porque llevar la casa a cuestas requiere vaciarse de lo prescindible para viajar ligerito.

Y ensayo porque nos decodificamos en el proceso de integrarnos en esta rutina maldita que han convertido en la vida común, o la más común de las vidas, y aprender los propios términos requiere esfuerzo.

Abrazar la incertidumbre

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Otra parte importante en mis preparativos para este gran viaje es aprender a descontrolarme, entregarme a lo impredecible y fluir en el ritmo natural de lo que vaya sucediendo. Muchos tenemos la mala costumbre de querer controlarlo todo, creemos que no hay nada que pueda escaparse a nuestros planes.

Sin embargo, hace tiempo entendí que la vida es muy laxa y que sin previo aviso todo puede cambiar de repente: una persona, un lugar, una sola idea muy simple. Algo explota y lo transforma todo en un parpadeo.

Creo que hay que entregarse a la posibilidad de que las cosas pasen, dejar un margen muy amplio para improvisar y decir que sí a lo nuevo, a lo que llame, a lo que atraiga. Decir que sí aunque eso implique cambiar vuelos, itinerarios y reservas. Aunque eso implique darle la vuelta al mapa y mirarlo del revés.

Después de todo, si llevamos la brújula bien calibrada nada puede salir mal.

Definir los mínimos

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Después de muchas horas de mirar mapas y vuelos y destinos y posibilidades llegué a un acuerdo conmigo misma: siempre, siempre, siempre me garantizaré unos mínimos de seguridad y bienestar.

Cuando digo que me voy a Asia de mochilera muchos creen que tengo un vuelo de ida e improvisaré cuando aterrice en el aeropuerto de Bangkok. Me parece esta una idea muy romántica, pero yo no soy la versión femenina de Alexander Supertramp y me conozco lo suficiente como para saber qué margen de orden necesito dentro de mi caos.

Tener un lugar agradable al que llegar a dormir y una cuenta bancaria que me saque de cualquier apuro son mis mínimos innegociables. Nada de “ya lo iremos viendo”. Más vale una reserva perdida que la sensación de indefensión en un lugar desconocido. Después de todo, ¿qué es el dinero? Un poco de mi trabajo mal pagado de este verano.

El viaje es hacia dentro

Hace poco leí una frase sobre Yoga — esta práctica en la que me estoy iniciando lentamente para acercarme más a mí misma— que me pareció que explicaba el gran propósito de este gran viaje en solitario que estoy preparando, así que la transformé un poco. Dice así:

Traveling (Yoga) is the practice of tolerating the consequences of being yourself

Sobre mí: Pienso y escribo sobre la aventura de vivir en El futuro nunca existió que más que un blog es un proyecto de aprendizaje compartido. No sé muy bien a dónde voy, pero creo que lo averiguaré yendo. Si quieres, nos seguimos en Facebook (El futuro nunca existió) y empezamos por ahí.

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