Escrito por: Maru López.

Para dar paso a la inmortalidad del «sentimiento sentido» debemos explorarlo con alguno de, valga la redundancia, «los sentidos» primero. Muchos dicen que de correr riesgos se trata la vida, o más bien, de intentar vencerlos se trata perder la costumbre. La monotonía reside en hacer todos los días lo mismo, tanto lo bueno como lo malo; es la falta de variedad lo que da paso al aburrimiento.

 

Los sentidos son el contacto con el mundo físico que nos rodea y cada uno de ellos permite, si nos permitimos, la irrupción de la sorpresa en nuestras certezas. Certezas retratadas por nuestros ojos, tocadas por nuestra piel, escuchadas por nuestros oídos, olidas por nuestra nariz o saboreadas por nuestras papilas.

 

Suelen aconsejarnos ser cautos ante lo desconocido sin saber que en el explorar se puede esconder el sentido, o en otras palabras, “la razón de ser”. Hablamos de percibir las sensaciones, de ponerle el cuerpo a la experiencia para dar paso al recuerdo vivido. Ser medidos ante lo nuevo, lo desconocido y “lo otro” pueden ser excusas desde el confort. 

Quienes fuimos bendecidos por la naturaleza obtuvimos 5 formas de conectarnos con el entorno. Viajar es la capacidad de trasladarse de lugares físicos, tanto de espacios conocidos como a otros nuevos. Para lograr la conexión con el lugar donde estamos, necesitamos potenciarnos al máximo.

Al viajar existe la posibilidad de dejarnos atravesar por esa experiencia en primera persona o de ver el destino pasar como si fuese sólo una película ajena a nuestra existencia.

 

Viajar es la invitación a exponernos al cambio. Viajar nos invita a sentir lo desconocido explorando el contacto. Es dejar atrás esa persona que fuimos, o que somos, y dar paso a las trasformaciones que se irán sucediendo en el camino. Viajar es crecer en tanto nos permitamos probarnos con los sentidos.

 

Sentir es exponernos a lo externo, es dejarnos permear por las sensaciones, es estar con el cuerpo y el alma en el lugar que pisamos. INDIA nos pide eso y más, pero también nos da más que eso. Es un país que se brinda con su esencia para quienes se lo permitan.

 

Muchas cosas podemos leer, ver o escuchar sobre este maravilloso lugar, pero estar allí hace a la diferencia.

 

INDIA va a pedirnos que con nuestro tacto nos acomodemos a sus incomodidades, a sus amontonamientos, a su con-tacto con el otro, a su simpleza, a su gente y a sus manos cálidas. En realidad, va a pedirnos que nos desarticulemos de nuestras particularidades.

INDIA va a ensordecernos con sus caóticas bocinas y a despertarnos con el canto de los pájaros, monos y elefantes, o tal vez, con el cántico de algún templo.

INDIA va a sumergirnos en aromas difíciles de distinguir sin importar los lugares en los que hayamos estado antes. Confluyen en sus caminos la mezcla de especias, sahumerios, comidas al paso, infusiones callejeras, frutas e inmensidades de aromas que nos abrazaran en la visita y nos acompañaran en el recuerdo cada vez que creamos olerlos, convirtiéndolos en las memorias más palpables.

 

Nuestras papilas agradecerán la inmensidad de sabores que esta tierra tiene para ofrecernos. Los corazones que cocinan en este país se dan paso en las comidas con que nos deleitan. Exacto, allí se cocina casero y con el corazón, como lo hacían nuestras abuelas. Allí no hay manos que cocinen sin amor y se le ofrece un ritual y un gran respeto al alimento.

 

INDIA espera con los ojos abiertos a quienes tengan el valor de visitarla. INDIA es la imperfección más perfecta desde sus ciudades más cosmopolitas hasta su recóndita naturaleza. Nuestra mirada quedará embelezada por los paisajes que se puedan recorrer, la gente y la belleza que se pueda contemplar, pero como dije antes, INDIA nos da más. Más allá de ver y de ser vistos esto trasciende lo físico. INDIA acobija las miradas más puras.

 

Miradas que muestran el alma, la pureza, la confianza, la sabiduría, la calma, la espera y la desesperación, la esperanza y la voluntad de un pueblo.

 

INDIA es la madre de los viajeros. INDIA es el oído para escuchar nuestros miedos y el consejo más sabio para aventurar nuevos caminos, es la contención y el apego de un abrazo, es un plato de comida para sentir la calidez del hogar, es la mirada más ingenua y dura de nosotros mismos para poder verla y vernos con otros ojos.

 

Es el encanto de la madre tierra que nos pide todo y nos devuelve el doble, o más. Es magia pura para quienes, de corazón, estén dispuestos a empaparse de su gente, sus costumbres y sus creencias. Es vivirla, emancipándonos de nuestros prejuicios para ganar toda su sabiduría. Es olvidar quienes somos, y como vivimos para dejarle enseñarnos lo que tiene para darnos. Es decir SÍ, a cada una de las experiencias que nos permitamos afrontar. Es 5 veces (o mil) más valioso aventurarnos a INDIA con todos los sentidos antes que con todas las certezas. Es intentar explorar la “razón del ser” si es que ambos términos pueden confluir cuando hablamos del “sentido de sentir”.  

 

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