Escrito por: Anabel Montes.

Mi nombre real es Ana Isabel y, aunque no me guste, esa es la realidad, como la que viven miles de personas estos días tratando de tener una oportunidad. He aprendido más de la vida en un mes que en 28 años. La percepción de la realidad es algo tan manipulable como voluble, realidad hay una, pero maneras de verla muchas… la realidad que he visto con mis propios ojos ha sido la de la delgada línea que separa la vida de la muerte en unas 7 millas de agua.

El 27 de diciembre decidí dar un paso más e irme de socorrista voluntaria con la ONG Proactiva Open arms (www.proactivaopenarms.org / Facebook ) a la isla de Lesvos en Grecia, situada en el noroeste del mar Egeo frente a la costa turca, concretamente en la parte norte de la isla. Mi propósito aquí es asegurar, junto con mis compañeros, una travesía segura y una llegada a tierra sin problemas tanto de los refugiados que huyen de la guerra siria como de cualquier persona de la nacionalidad que sea que arriesga su vida tratando de tener un futuro.

Estoy segura que todas vosotras y todos vosotros habéis visto allá por el pasado verano las desgarradoras imágenes del niño Aylan en la orilla de una playa turca, eso fue lo que impulsó la formación de la ONG y que dos socorristas de Barcelona vinieran a Grecia con la firme idea de ayudar, sin saber muy bien de qué manera, encontrándose con un problema de grandes proporciones. Había ONGs en tierra proporcionando comida, mantas y ropa seca pero nadie actuaba en el agua porque quienes tenían que hacerse responsables, no lo hacían. Aumentó el número de voluntarios anónimos con material de salvamento en playas y el propio dinero personal hasta que ocurrió el desastre… el día 28 de octubre tuvo lugar el naufragio de un barco de madera con 300 personas donde muchas de ellas perdieron la vida y donde, si no hubiese sido por algunos de mis compañeros, la situación hubiese sido aún mucho más terrible. Es triste que tengan que pasar tragedias y que éstas sean grabadas para que la gente tome conciencia y actúe, pero por estas imágenes el mundo se “volcó” y la ONG puede continuar gracias a las donaciones haciendo su trabajo: salvar vidas.

Cuando la gente me pregunta qué se siente al estar aquí nunca encuentro las palabras exactas para definir los sentimientos que diariamente luchan dentro de una misma, es una mezcla de rabia, tristeza, culpabilidad y esperanza. Nunca olvidas el primer bote que ves, nunca. El primer desembarco en el cual estuve presente, ni si quiera formé parte de él, acababa de llegar, no tenía la ropa necesaria y había voluntarios de sobra. Fue fácil y sin problemas, llegó a la costa, los socorristas vestidos con el traje seco (un traje de intervención especial que te pones sobre tu ropa y el cual te impermeabiliza y aísla para poder trabajar largo tiempo en aguas frías) lo estabilizaron dos en las aletas de popa, uno de ellos asegurándose de que el motor esté parado y dos en las amuras creando una única salida segura por la proa del bote donde los voluntarios de tierra les ayudan a bajar y les dan todo aquello que sea necesario (mantas térmicas, mantas textiles, cambiarles la ropa mojada por seca, primeros auxilios y traslado a los campamentos de primera intervención).  Aún a pesar de ser un desembarco sin ningún problema, eres totalmente consciente de que son personas que han dejado absolutamente todo atrás con nada más que su vida dentro de una mochila mojada y fría.

Algunos gritan, algunos dan gracias, otros lloran, otros besan el suelo… y ahí estás tú de pie con toda tu ropa seca, tu comida esperando en un rato encima de la mesa, tu cama calentita a la noche y toda tu vida por delante y piensas: “¿qué coño le pasa al mundo?”.

Lo peor es saber que todo esto ha estado pasando durante mucho tiempo, ya sea en este conflicto o en otros… que siempre ha pasado y que parece que siempre pasará… a veces, una sensación de desesperanza se apodera de ti y es que por mucho que hagas tú u otras personas no sirve de nada, el mundo está enfermo por nuestra culpa y ese virus no es curable. Pero luego te sorprendes sonriendo al ver a un niño pequeño que acaba de hacer una larga travesía desde no sabes bien dónde y qué penurias habrá pasado, jugando con un balón o un muñeco y siendo por un instante feliz, y te das cuenta de que siempre existe la esperanza, que esa esperanza es la que ha hecho que toda esta gente haya tenido el valor y el coraje de enfrentarse a un camino lleno de peligros constantes y destino incierto solo con la firme idea de tener un futuro mejor para ellos y sus familias. Si ellos son capaces de hacer eso, no existe ninguna razón por la cual no pueda ofrecer mi ayuda a quienes la necesiten si estoy en disposición de hacerlo. Quien sabe, igual el día de mañana soy yo la que necesito ayuda y no podría pedirla sabiendo que en su día no la ofrecí.

Foto: Transpirenaica social y solidaria

Obvio que esto es mi decisión personal y no pretendo juzgar las decisiones de los demás ni ponerme en un nivel distinto, cada persona hace lo que tiene que hacer y como lo tiene que hacer, llevo toda mi vida trabajando en playas y amo la mar como si fuera parte de mí, por lo que esto era como un sendero que tenía que caminar sí o sí y del cual no me arrepiento en absoluto.

Merecen la pena las noches sin dormir, merece la pena el cansancio acumulado, merece la pena absolutamente todo lo que puedas vivir en un voluntariado así por muy duro que sea si sirve de ayuda

Dicen que ojos que no ven, corazón que no siente pero no conozco ningún refrán que hable de lo que pasa cuando tus ojos ven… en el post de “Cosas que aprendí en Myanmar”  escribí: “Mirar directamente a la pobreza a los ojos cambia tu mundo para siempre”, ahora le añado: “Mirar directamente a la desesperación y la muerte a los ojos rompe tu mundo para siempre”

Foto: Juan Carlos Mohr

Foto: Juan Carlos Mohr

Uno de los primeros momentos que más me marcó fue en un desembarco en tierra sujetando un bote con la mar algo revuelta y como un padre me dio a su hijo muy muy pequeño con una desesperación total en sus ojos, no me conocía, yo era una total desconocida para él, pero aún así me estaba entregando lo que mas quería en el mundo para ponerlo a salvo… no existen palabras que describan como se te revuelve el estómago ante esa situación ni lo que piensas acerca de quienes la están creando y no hacen nada para solucionarlo. Esto es una constante diaria, si bien es aún mas dura cuando te sucede en medio del mar: porque se haya roto el motor, se esté inundando, las temperaturas sean bajo cero, esté lloviendo, sea noche cerrada y su única esperanza tras pagar más de mil euros por un pasaje en un bote hinchable precario y abarrotado hasta los topes con un motor que habitualmente se rompe a mitad de camino y del cual han recibido una clase exprés de manejo, todo esto antes de subir es un chaleco que también han tenido que comprar y está relleno de cartón… Sus gritos de miedo, de pánico, de auxilio, me acompañarán siempre.

lesvosniños

Dentro de lo difícil de la situación también hay recompensas. El día 30 ó 31 de diciembre, no recuerdo con exactitud, yendo al lado de un bote solo  para asegurarnos de que llegaran bien y no tuvieran problemas de repente nos gritaron “Merry Christmas” o cuando alguno de ellos te dice en español “Gracias”. Tampoco existen palabras que definan esa sensación.

Otro buen sabor de boca que me llevo es la solidaridad que se genera entre las personas que están aquí, personas de todo el mundo que están gastando sus vacaciones, que han dejado sus trabajos, que han parado temporalmente sus estudios o cualquier otra situación con el único fin de ayudar. Eso también te devuelve la esperanza en el ser humano y a esas cosas te tienes que aferrar para no dejarte llevar por la locura.

Aún así, a día 24 de enero de 2016 van casi 113 personas muertas en lo que va de año intentado cruzar de Turquía a Grecia por mar. Sin contar todas las anteriores, todas las que mueren antes y después… la llegada a la buena y gentil Europa no es más que el comienzo de un nuevo infierno para ellos, seres humanos como tú y yo, que lo único que quieren es tener una oportunidad, la que les robaron en sus casas de las que no querían salir si no fuera porque la situación actual les ha obligado. En su lugar ¿tú que harías?

La situación es esta en Grecia y en miles de lugares más y no está del todo en nuestra mano que se acabe, aunque sí lo está hacer que sea un poco menos mala. Viajar es parte de nuestras vidas, ese continuo movimiento y esa ansia por descubrir lugares nuevos con sus gentes e historias. Los viajes de voluntariado son una opción mas de conocer mundo… igual no el mundo que creíamos, pero sí el auténtico. Viajes necesarios y de los cuales vas a sacar un provecho del 100%.

Ayúdales, ayúdate. Crece. Aprende. Viaja.

Érase un mar de frío, viento e historias mojadas
Éranse unas islas de un país de entrada
Érase un continente de sueños y esperanzas
Éranse fronteras repletas de alambradas

Era un sol de invierno que nada calentaba
Un suelo arado de huellas embarradas
Era un día que con otro se enterraba
Barcos atestados de almas empapadas

Eran huesos que ya más no calaban
Envueltos en chalecos que del agua no salvaban
Eran mantas térmicas doradas y plateadas
Decorando a niños con vidas arrasadas

Era todo llanto, dolor, indignación e impotencia,
Era la muerte en vida (de occidente), sin vuelta atrás,
Sin Historia, Memoria, ni Humanidad.

-Miguel Ángel Morales-

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Foto: Santi Palacios

Todo esto formará parte de mi historia personal, de la historia de todo aquel que la haya vivido pero sobretodo formará parte de la historia de la humanidad, el día en que europa dejó morir a cientos de personas a las puertas de la libertad.

Quiero dar las gracias a mis compañeras y compañeros de proactiva que están siendo mi familia todo esto tiempo para las buenas y para las malas, a nuestra familia griega del “To Kyma” que nos tratan como si fuera nuestra propia casa y a todas las voluntarias y voluntarios que día a día luchan porque un mundo mejor sea posible.

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Y tú, ¿quieres ser también nuestra amiga nómada? Aquí te contamos cómo. ¡Anímate!