Escrito por: Isabel García.

Viajar durante un largo tiempo a solas no es fácil. Aunque subamos fotos a Instagram de nosotras mismas ante un valle cubierto de templos o unas cascadas impresionantes y comentemos lo increíble que es viajar por estos parajes, viajar sola tiene muchos momentos duros: largos ratos de soledad en autobuses y trenes, no tener a nadie cerca a quien contar nuestros problemas, tener que adaptarnos continuamente a gente y lugares nuevos. ¿Por qué viajamos entonces?

Todos, absolutamente todos los largos viajes tienen varias características en común: la soledad, la incertidumbre, el descubrimiento, la adaptación, las emociones al límite. Pero el elemento que a mí me parece más fascinante es la capacidad de los viajeros para estar solos y enfrentarse a los cambios constantes, totalmente despojados de referencias conocidas y de sus seres más cercanos.

Intuyo que aquellos que se lanzan a viajar a solas y sin fecha de regreso tienen algo en la cabeza. Algo que les empuja a irse, y me fascina averiguar qué es. ¿Por qué hay gente que se va por ahí, en lugar de hacer como la mayoría de gente y asentarse en un lugar, trabajar, formar un grupo de amigos estable y seguir con una cómoda rutina? ¿Por qué viajan los que viajan?

Comida Callejera en Chengdu, China

Comida Callejera en Chengdu, China

Algunas personas viajan para estar en contacto con la naturaleza, y huyen de la civilización para fundirse con entornos naturales que les hagan sentir una conexión especial con nuestra tierra. Jon Krakauer, autor de Hacia rutas salvajes, dice que al escribir este libro acabó inevitablemente reflexionando sobre la fuerte atracción que ejercen los espacios salvajes sobre la imaginación de los estadounidenses”.

Yo no creo que éstos sean los únicos afectados por la magia de la naturaleza, y prueba de ello es la suiza Sarah Marquis. Marquis, que caminó durante tres años desde Mongolia hasta Australia, menciona muchísimas veces en su libro Wild by nature el impacto que tiene en su estado emocional el observar la naturaleza: Nunca me canso de observar (…), de sentir cómo la naturaleza despierta. De ella extraigo la energía que cura mis heridas invisibles”. Y, al contrario, cada vez que Sarah se acercaba a cualquier población trataba de pasar lo más desapercibida posible, ya que su mayor peligro eran precisamente los humanos.

Vistas desde un templo de Katmandú, Nepal

Vistas desde un templo de Katmandú, Nepal

El deseo de Sarah de sobrevivir a solas en condiciones durísimas y de observar la naturaleza me recuerda al de Chris McCandless, que moriría en aquel autobús abandonado de Alaska con 24 años. ¿Por qué alguien sano y lleno de energía querría someterse a algo tan duro como aislarse de todo el mundo, pasar frío, comer poco y caminar durante horas cargando con kilos de peso? Creo que las personas que se lanzan a este tipo de expediciones lo hacen por varias razones, y pienso que la principal es la curiosidad por conocer tanto un entorno en concreto como a sí mismos dentro de ese entorno, y averiguar hasta dónde pueden estirar sus límites.

Recolectando té en Nepal

Recolectando té en Nepal

El inglés Alastair Humphreys dio la vuelta al mundo en bicicleta durante cuatro años, a la misma edad en la que Chris McCandless moría. En su libro Moods of future joys, en el que cuenta el comienzo de su viaje, habla a menudo del sufrimiento y la tristeza que sentía durante los primeros meses. Sí, estaba cumpliendo un sueño, ¡pero la soledad y el desgaste físico eran muy jodidos! Entonces, ¿por qué decidió emprender este viaje? Alastair explica que Los viajes inciertos me atraían con su tentadora magia, y me embriagaban al liberarme de los lazos convencionales. Viajar era una oportunidad para ponerme a prueba y descubrirme a mí mismo. Sentía un torrente de alegría por estar vivo que apenas sentía en casa”.

El largo viaje de Humphreys fue, igual que el de Marquis, una especie de prueba. El mismo Alastair escribe en su libro que se encontraba en una competición consigo mismo: se había propuesto un problema y ahora debía resolverlo.

Otras personas se alejan de su hogar para conocerse a sí mismas en un lugar nuevo, pero sin las exigencias físicas y mentales que supone el viajar andando o en bici. Gaby Carreira, la bloguera española de origen argentino de El futuro nunca existió, deja claro que su viaje por el sudeste asiático no es una expedición geográfica, es un viaje interno”, y explica que su intención es conocerse a sí mismaen un contexto geográfico que empuja a aprender(me). Cuando leí estas palabras en su cuenta de Instagram algo se me trastocó en la cabeza. Gaby no pretende viajar a un lugar exótico para sacar fotos bonitas y ver paisajes impactantes, aunque también pueda hacerlo. Tampoco quiere averiguar si es capaz de realizar proezas físicas y poner su cuerpo al límite, como Sarah y Alastair. El viaje es para Gaby una oportunidad para detenerse, observar, observarse  y conocerse a sí misma, algo que muy difícilmente podemos hacer en nuestro día a día mientras trabajamos.

Vistas desde Ghorepani, Nepal

Vistas desde Ghorepani, Nepal

El interés de Gaby por la observación y la auto-observación me recuerda a la experiencia del americano Christopher Thomas Knight, denominado por la revista GQ como “El último ermitaño”. Christopher vivió 27 años a solas en el bosque, y en una entrevista declara que durante ese tiempo se observó a sí mismo y que la soledad hizo que aumentara su capacidad de percepción. Pero, mientras que Gaby intenta encontrarse mediante la observación, Christopher afirma que a través de ese proceso él perdió su identidad: Cuando centré mi atención en mí mismo, perdí mi identidad. Sin ningún público para el que actuar, solo quedaba yo. No había necesidad de definirme a mí mismo; me convertí en algo irrelevante. La luna y las estaciones eran mi reloj. Ni siquiera tenía un nombre. Nunca me sentí solo. Por ponerlo de manera romántica: era completamente libre”.

Christopher se dio cuenta de que en su aislamiento se había convertido en parte del entorno, como le sucede a Sarah Marquis en sus expediciones. De esta manera, vio que no necesitaba encontrarse a sí mismo. ¿Será esta la clave para saber quiénes somos? ¿Descubrir que somos parte del mundo y que no necesitamos definirnos ni analizarnos? Puede que esta forma de vernos se pueda aplicar a aquellos que viven en plena naturaleza, pero no sé si funcionaría para los habitantes urbanos, que probablemente no puedan sentir esa conexión con la tecnología y el cemento que les rodea.

Pueblo en el noroeste de Argentina

Pueblo en el noroeste de Argentina

El viajero y escritor argentino Juan Villarino hace referencia en su libro Caminos invisibles a esa unión entre nosotros y el lugar en el que nos encontramos: La destreza que más esperaba perfeccionar como viajero no era fotografiar ni saber escribir, sino saber estar”. Él, de manera similar a Gaby, quiere descubrir el efecto de un nuevo lugar en su alma y sus emociones, y realizar un viaje interno más que externo.

Aniko Villalba, otra viajera y escritora argentina dijo hace años en su blog Viajando por ahí algo relacionado con nuestra capacidad para “estar” en un sitio determinado, y es que ella viaja para encontrar “su lugar en el mundo”: Viajo porque no creo en eso de que si nacés en un determinado lugar, entonces ese es “tu lugar en el mundo”  (…). Y cada vez que llego a un lugar que “va conmigo” siento inmediatamente una energía especial que me dice “tal vez es acá…”. Esta idea me parece preciosa. Me encanta pensar que tengo múltiples hogares posibles repartidos por el mundo, y que lo que me separa de encontrarme con ellos son una infinidad de viajes.

Carretera cerca de Xiahe, China

Carretera cerca de Xiahe, China

Si algunos viajan para encontrarse a sí mismos y otros para descubrir su lugar en el mundo, muchos viajeros lo hacen para vivir ese tsunami de emociones que uno siente al recorrer nuevos lugares:La aventura de viajar es algo casi sensorial y, sobre todo, consiste en ser capaz de vivir como un evento extraordinario la vida cotidiana de otras gentes en parajes lejanos a tu hogar”. Esta es una de las definiciones de viajar que hace el periodista español Javier Reverte en su libro Los caminos perdidos de África. Viajar es una manera de abrir los ojos y ver lo que para otros es rutinario como algo interesante y digno de estudio. Pero, ¿no podríamos desarrollar esa capacidad para sorprendernos también cuando estamos en casa? ¿No sería interesante ver nuestra cotidianeidad con los ojos de un extranjero? Supongo que sí, pero no siempre es fácil, y de hecho, es recomendable salir de nuestra burbuja habitual y conocer otras maneras de vivir para luego ver nuestra ciudad o país desde otra perspectiva.

Calle Dotonbori en Osaka, Japón

Calle Dotonbori en Osaka, Japón

En realidad, hay muchísimos motivos para viajar. Hay quien dice que existe un gen que nos empuja a explorar el mundo y nos convierte en viajeros natos. ¿Será que el deseo de viajar está escrito en nuestro ADN y que nosotras no elegimos esta forma de vida conscientemente?

¿Y yo? ¿Por qué viajo yo? Creo que lo hago por una mezcla de razones, pero la más fuerte para mí es la del deseo de descubrir cómo viven otras personas e intentar comprenderlas. Lo curioso es que en mi intento de comprender a otros, también puedo acabar conociéndome un poco más a mí misma.

Así que, viaja para ponerte a prueba. Viaja para conocerte a ti misma. Viaja para conectar con la naturaleza. Viaja para emocionarte. Y si necesitas parar un tiempo y volver a casa, para también. Pero sobre todo, creo que si deseas lanzarte a un viaje largo de esos sin billete de vuelta, es bueno preguntarte por qué lo haces, ya que, como dice Aniko en su libro El síndrome de París, Viajar por viajar es lindo, pero después de un tiempo hace falta un objetivo, un hilo conductor, y no es fácil darle sentido al viaje”.

Al final, la única responsable de tu vida y de tu viaje eres tú, así que hazlos brillar con el sentido que tú quieras darle. Lo único que puedo asegurarte con toda convicción es que una de las cosas más bonitas del mundo es tratar de cumplir nuestros sueños, y que, viajes por el motivo que viajes, ni estás tan loca ni estás sola.

 

En una escuela en la provincia de Gansu, China

En una escuela en la provincia de Gansu, China

Si seguir los pasos viajeros de Isabel, visita y sigue su blog en https://enlaotrapuntadelmundo.com/

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